Debido a que con frecuencia debemos afrontar situaciones que están más allá de nuestro control y que afectan nuestra vida emocional, es importante que ésta dependa cada vez menos de lo que acontece externamente y más de los controles y emociones sanas que pueden activarse internamente por medio de un ejercicio repetido.
El primer paso es trabajar la conciencia. Esto quiere decir que en medio del conflicto, debemos ser conscientes de nuestras emociones destructivas – definidas en Goldman (2003) como aquellas que son inadecuadas, desproporcionadas y provocan daño - y de cómo éstas empañan nuestra percepción mostrándonos una realidad deformada. En otras palabras, nuestros pensamientos adquieren el color de nuestras emociones.
Complementa tu rutina con el humor de un buen chiste o actividades lúdicas para compartir con tus compañeros de trabajo. En especial si tu trabajo requiere que tengas la habilidad para solucionar problemas, realiza ejercicios de destreza mental que te obliguen a pensar "fuera de la caja".
En ocasiones pensar demasiado en un problema sólo contribuye a alejar la solución. Intenta apartarte lo necesario para que información valiosa de otras fuentes pueda penetrar tu consciencia. Evita saturar el cerebro con preocupaciones que únicamente serán obstáculos para alcanzar el objetivo.
Trata de pensar siempre en la solución rechazando con vehemencia las ideas y sentimientos negativos.
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